
En una [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE], en Madrid, al presidente del Congreso de los diputados, José Bono, le preguntaron:
-ETA ha vuelto a asesinar en un municipio de ANV. ¿Considera necesario disolver las corporaciones donde gobierna la formación filoterrorista?
La respuesta de Bono merece mucho más que mis aplausos.
No me corresponde proponer esas medidas y no lo hago, pero cuando en un pueblo 2.000 habitantes votan a ANV, es que necesitan tratamiento. La ley debe aplicarse con rigor a todos los que de alguna manera justifiquen, aplaudan o ayuden a los asesinos. Jamás sería defensor, ni siquiera de oficio, de esos individuos de ANV.
El reciente asesinato de Ignacio Uría Mendizábal, último trofeo sangriento en la colección de ETA, merece la repulsa pública de cualquiera que se precie de tener sentimientos humanitarios. Y así lo hicieron al distintas toldas políticas españolas, con una excepción. ¿Quién si no? La Acción Nacionalista Vasca (ANV), que en el Ayuntamiento de Pamplona se negó a condenar el asesinato cometido por ETA.
En los inicios de la historia militar de la humanidad, la infantería era el único modo para controlar el campo de batalla; luego fue determinante la caballería, por su rápida movilidad. Después tuvo importancia el control marítimo y, posteriormente, el control aéreo por medio de la aviación. Así se llegó al punto de buscar posiciones dominantes en el espacio extraterrestre, como plataforma para alcanzar cualquier punto del planeta por medio de misiles, microondas y rayos diversos.
Postulaba
Se dice que tan sólo los grandes casanovas y hombres de mucho mundo con las mujeres, son capaces de conocer cuando el silencio femenino es un «Sí» o un «No». Y ellos, y solamente ellos, (más los actores en las películas, por supuesto) logran distinguir con precisión, cuando el «No quiero», dicho por una mujer, es en realidad un «Sí quiero» encubierto. Ante la duda, los demás mortales debemos resignarnos al abandono honroso y gallardo, aún a riesgo de parecer algo pusilánimes. Porque el otro camino, el valiente (o el osado, según el nivel del caso), es el de exponernos a un rechazo, o aquizás a algo mucho más drástico.
Debido a motivos exclusivamente económicos, en muchos edificios residenciales va desapareciendo la figura de los clásicos porteros, que durante décadas conformaron toda una institución. Aunque debería decir mejor la «portera», porque era esta la que solía fungir como tal, haciéndose también cargo de la limpieza mientras su marido atendía otro trabajo.









