Solamente tienes que salir y observar a tu alrededor, concentrándote en la gente y sus actividades, porque ellos son los protagonistas de la ciudad. Seguramente podrás llenar un álbum entero de interesantes fotografías.
La gente da para todo. En la Plaza de Oriente, en Madrid, una pareja vestida de estricto negro ―que si no fuera por el baile pensaría que van de luto― con las mejillas muy pegadas, realiza unos complicados pasos con el acompañamiento de una pieza de tango. Este es un baile con un gran significado, pero que a nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido inventar, a menos que los dos estuvieran ebrios y aprovecharan el dejarse ir, tuvieran la libido muy alta o fueran argentinos; o todo junto.
Observando a esa pareja, comenté con mi esposa e hijo en proponer al tango como baile de alto riesgo. Un solo fallo en el movimiento de las piernas, y sería preciso llamar a la ambulancia del SAMUR, para que intenten desenredar a los bailarines en el suelo. Son esas cosas tontas que uno piensa, con la sonrisa en los labios, cuando se va paseando, por el gusto de caminar y de ver a la gente de tu ciudad. Yo no estoy calificado para evaluar tango, pero me parecieron soberbios esos dos. Por lo menos lo hicieron parecer elegante, hermoso y fácil, que ya es decir.
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En los medios cabalísticos, esotéricos y del ocultismo, se habla de la fuerza del verbo. Se dice que hay palabras que, conociéndolas y pronunciándolas en la manera correcta, pueden lograr cosas increíbles. Son verdades ocultas. Pero, adicionalmente, para que funcionen se requiere del conocimiento exacto de su verdadero significado y propósito. Y hay frases que están ahí escritas, desde siempre, en cualquier pared, en cualquier cueva, en cualquier catacumba. Pueden ser leídas, pero muy pocos logran interpretar su significado y develar el misterio de la verdad que ocultan.
Yo he venido hablando de esos músicos que encontramos dentro de las estaciones del Metro, y de lo poco receptivas que suelen ser las personas que circulan por esos pasillos, ocupadas solamente en llegar a alcanzar el próximo tren, que quizás ya perdieron; o saliendo apresuradas para llegar a alguna parte. Muy pocos se ocupan de «escuchar» las interpretaciones; muy pocos son los que tan siquiera los miran a la cara, como para poder llegar a identificarlos; poquísimos son los que logran detectar una ejecución magistral. Para la mayoría, esos músicos son poco más que pordioseros pidiendo, casi estorbando. Pero, como ya he comentado, podríamos encontrarnos con grandes sorpresas.
Ha pasado mucho tiempo desde que inicié esta categoría analizando el blog Divinos pecaditos. Desde entonces, ha sido poca mi actividad en esta materia del análisis de blogs que me llamen la atención… positivamente. Porque, al menos en mi caso, esto no se puede forzar; tiene que venir solo, hay que estar en vena.









