
Por las esquinas de las calles de Madrid me he encontrado gente haciendo casi de todo lo imaginable. Algunas resultan simpáticas.
Hace unos días, hacia las ocho de la tarde, -recuerden que aún hace buen sol a esa hora- en la calle de la Ribera del Loira había un auto con el maletero abierto. Un tipo se colocaba un pantaloncillo (short) deportivo. Llevaba puesta una camiseta y estaba con el culo al aire, tan campante, ajeno al mundo, como si nada. ¿Será que no pudo hacerlo en el cuarto de baño del trabajo, antes de salir, que usaba la calle como vestuario?
Pero han sido tantos los tíos que he visto meando en cualquier parte, que no puedo menos que pensar en lo que fueron las calles de cualquier ciudad medieval, carentes de servicios sanitarios.
¡Coño! Y no será porque en Madrid falten los urinarios y baños públicos, o cualquier cafetería, bar, tasca o algún Corte Inglés o unas grandes superficies a tiro de piedra, para entrar y usar los sanitarios. Pero no, tiene que ser en la calle. Y quien no quiera verles el… pues que no mire. Supongo que deben de tener cierto grado de exhibicionismo.
Y hablando de estas cosas, conozco un blog de cierta encantadora fémina que confiesa tener
suficiente narcisismo, un poco de exhibicionismo y cierto grado de voyer
Y luego uno se piensa que esos olores por tantos sitios son culpa de los perros.
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