
Fue lo primero que me llamó la atención en el Aeropuerto de Barajas cuando llegué a Madrid en octubre, después de un año de ausencia. Frente a la salida del área de equipaje observé unas ocho personas fumando. Estaban en el medio de nada, aisladas de los demás. La actitud me resultó peculiar y por eso atrajeron mi atención. Algunas parecían ansiosas por terminar el cigarrillo y largarse de aquella exhibición en que parecían colocados. Eran un blanco perfecto de las miradas. Se me hizo evidente el nerviosismo de un hombre, parecía estar en la sala de espera de la maternidad esperando un parto, pero debía ser por saberse allí expuesto.
Junto con el pago del canon por uso de copia privada, que impone la SGAE indiscriminadamente, el otro tópico que suele ocupar las noticias en los blogs es el del copyleft.
Desde los sonados casos del Washinton Post, Boing-Boing, Microsiervos y otros más, se viene hablando bastante sobre el hecho de que algunos blogs hayan cerrado la puerta de su sección de comentarios. Y las opiniones van divididas, como de costumbre. Están los que justifican la medida y los que la atacan, y también hay quienes no entienden.
De la escritura del artículo Burócratas y caprichos, quedé pensando en la soberbia y prepotencia absolutas.









