Cuando mis hijos estaban pequeños, me chocaba hasta la exasperación cuando alguna tía necia les hacía la trillada pregunta: ¿A quién quieres más, a papá o a mamá?
¿Por qué tendría un niño que tomar tal posición? El hecho es que, por una u otra razón, durante toda la vida tenemos que tomar decisiones, desde las más triviales hasta las más trascendentales; o por o menos se pretende que las tomemos.
En estos tiempos, la Iglesia anda un poco alborotada en España, por motivo de la intervención del Estado en asuntos tales como la eliminación o no de la materia de Religión, -y la inclusión de alguna otra- como obligatoria en los colegios. Vamos, que decisiones sobre asuntos educativos, que la Iglesia Católica en España consideró siempre “tan obligatorios y necesarios” como el ir a misa los domingos, confesarse y comulgar, y que, también, ’siempre’ fueron un claustro de su absoluta exclusividad, ahora se encuentre invadido por el Estado, no debe serles fácil de digerir.




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Un reflejo de mis ojos





Hace unos pocos días escribí un artículo sobre el urbanismo descontrolado y su consecuencia más directa: las demoliciones. Pero el problema de la vivienda en España tiene proporciones alarmantes.








