
Otro año que está a punto de terminar, y otro esperando que le entreguen el testigo. Esta nochevieja es el momento de las reflexiones. Por un lado hacemos recuento de todas las buenas intenciones y propósitos: los que hemos alcanzado, y también los que no cumplimos; por otro, preparamos las peticiones para el año nuevo.
Muchos repetirán algunos de los variopintos rituales de nochevieja, ya tradicionales, y sobre los que hablé el año pasado. Y si de rituales se trata, los hay para todos los gustos; unos muy viejos, otros más modernos. Pero todos tienen el mismo propósito, que no es otro que tratar de atraer la buena fortuna. De sobra habrá quines verán cumplidos sus anhelos; otros no lo lograrán. ¿De qué depende?







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Un reflejo de mis ojos

Yo nunca había visto un nuevo riquismo tan acelerado como el que se ha dado en Venezuela. Porque, la ostentosidad de los que están percibiendo enormes beneficios con el proceso revolucionario de Chávez resulta casi alarmante. De igual forma, es imposible no notar los efectos del desmesurado gasto público, que cambia el producto de la bonanza petrolera, multiplicando los dólares en más bolívares cada día que pasa. Si a ello unimos el elevado precio del dólar de referencia, o dolar paralelo (que ha llegado a superar los Bs. 7.000 por dólar, cuando el oficial está en 2.150) obtenemos un bolívar que cada vez vale menos frente a las monedas internacionales. Y el mercado interno es el primero en notarlo, porque, la casi inexistente producción doméstica, ha conducido a un aumento exorbitante de las importaciones.
Cada navidad se colocan luces en las calles de muchas ciudades, entre ellas Madrid. No es más que eso, un toque navideño, algo tradicional, si se quiere verlo así. Pero, también como cada año, no faltan los detractores que manifiestan su disgusto o disconformidad.
Los resultados del referéndum consultivo del domingo 2 de diciembre en Venezuela, según las cifras oficiales, fueron de un 50,7% de los votos por el ‘no’ y el 49,2% por el ’sí’; es decir, una cerrada diferencia de apenas 1,5 puntos. ¿Pero realmente fue así? ¿Son esas las cifras reales, o son una de tantas mentiras oficialistas para ocultar lo que sería, no una derrota, sino poco menos que una vergüenza?
Desde el día 26 de noviembre me quedé sin 








