
El rostro lucía muy demacrado. Para una joven de 18 años que, por su estatura y consistencia física, debiera pesar 65 kilos, llevar la aguja de la báscula solo hasta escasos 52, era un claro síntoma de padecer un serio desorden alimenticio. Por si fuera poco, varios días de ayuno total, para tratar de bajar hasta los 50 kilos, la habían dejado sumamente debilitada, incapaz de hacerle frente al fuerte dengue hemorrágico que la consumía. La vida se le iba con cada vómito de sangre.
Circulando por las finas mangueras transparentes, el suero descendía desde las botellas hasta el catéter que alimentaba su torrente sanguíneo por una vía, intentando mantenerla hidratada y viva, gota a gota, como los segundos que desgranaba el reloj de pared. Era una carrera de los médicos contra el tiempo, para una joven que había abandonado el conteo del tiempo y las ganas de vivir.








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Que hay condimentos que realzan a tal punto el sabor de las comidas que, sin ellos, algunas recetas perderían totalmente su principal característica culinaria, no tiene discusión. El curry, la pimienta negra o el pimentón español son mundialmente conocidos. Pero también hay productos que, sin ser considerados propiamente condimentos, cumplen excelentemente ese papel, y pienso que uno de los que mejor lo logran es el chorizo, pero no cualquiera.
Son muchas personas las que se quejan de la falta de cortesía, por parte de quienes no ceden sus asientos a las personas de más edad viajando en autobús o Metro. Y no dejan de tener razón. Es bastante lo que se podría escribir sobre eso.
No se trata de un miembro de algún grupo SWAT o policía secreta, ni de un nuevo antifaz para policías. Es simple y llanamente una protección para el frío. Muchos días invernales es imperativo cubrirse el rostro, para protegerse del viento helado y que el aire no llegue tan frío a las fosas nasales. Porque una cosa es soportar la inclemencia del tiempo caminando, y otra muy distinta hacerlo a pie firme en cualquier esquina o semáforo. La policía de movilidad se ha quejado de lo poco que los abriga la ropa y calzado que les dan como dotación.
Reciclaje
Supongo que, todo el que tiene una página web, está interesado en que, el visitante que accede por primera vez, reciba una buena impresión. Tiene perfecta validez el viejo dicho de que la primera impresión es la que cuenta. Por eso es normal la preocupación por el diseño. Claro que también es cierto que el diseño no lo es todo. Pero la opinión que el visitante se lleva, se produce incluso antes de que la página se abra en la pantalla del monitor. Porque, si tarda mucho en cargar, puede que la cierre sin esperar a visualizarla. Por lo tanto, este factor puede ser determinante para el éxito o el fracaso de un blog.
Los 







