
Cuando el pasado nos encuentra
Con gratísima sorpresa, en este atardecer de la vida recibí ayer un email de quien fuera compañero y condiscípulo en la Escuela Náutica de Venezuela, durante el período académico 1968-1971. Cosas de la vida y de este pequeño mundo, que si antes era un pañuelo, ahora basta que tengas un blog para que hasta los acreedores te encuentren a tres golpes de tecla y una búsqueda en Google. Y como en este blog yo voy de cualquier cosa menos de anónimo o incógnito, Oleg Danilow «El vikingo» dio conmigo.
Me informó que este 21 de Junio se reunen en Caracas varios compañeros de nuestra promoción de oficiales y de otras, para celebrar el día de la Marina Mercante Venezolana (52 aniversario), tan especial para nosotros. Oleg me fue mencionando los nombres y el lugar del mundo donde se encuentran, acompañados de viejas fotografías de los días de la Escuela, 40 años atrás, y de las nuevas fotos. El tiempo es inmisericorde con todos, a nivel físico. Ya no somos aquellos mozalvetes. Pero el tiempo no puede con todos los recuerdos que yo aún tengo tan frescos en la memoria, de aquellos duros días de internado paramilitar en la Escuela Náutica de Venezuela, en donde el lema fue: «se sufre, pero se goza». Y nos estamos reencontrando, pues ya he comenzado a recibir correos de otros colegas.
Podría decir muchas cosas, pero solo voy a colocar el poema que hice para leer en nuestra graduación aquel 4 de noviembre de 1971, coincidiendo con la celebración de los 25 años de la Escuala Náutica de Venezuela. Aquella querida promoción que se conoce como Dr. Ramón J. Velásquez, pero que yo recuerdo como la «promoción de los cuarenta». Fue un poema libre al que titulé «Nuestro brindis». Fue un día lejano en el tiempo, aunque 40 años no sean nada, como dice el tango aquel; pero día extremadamente cercano en mis recuerdos. Ahí va de nuevo, compañeros que me seguís en este blog:
Nuestro brindis
Solo quiero hacer un brindis,
amigos que hemos luchado
en pos de un mismo fin.
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