Imagina que vives en una calle que, por falta de alcantarillado, se anega con las lluvias fuertes y se te inunda el local comercial. Pero un día llegan las cuadrillas del Ayutamiento y durante unos meses levantan toda la calle, meten tuberías de alcantarillado, colocan nuevas farolas, arbolitos y todo tipo de ornato. Tu esperas que, finalmente, se resolverá el problema de las inundaciones en la calle. ¿Pero cómo te quedaría la cara de larga si, finalizadas las obras, descubres que no incluyeron la colocación de los sumideros de alcantarillado para evacuar las aguas de lluvia, y se te sigue inundando el local?
En la concurrida y céntrica zona de Malasaña, Madrid, terminaron los trabajos de cerrar al tráfico de vehículos una buena parte de la calle Fuencarral para convertirla en un paseo peatonal, sombreado y fresco en pleno verano, que arranca desde la céntrica y populosa Gran Vía. No tengo duda de que ahora aumentará la afluencia de personas por ese boulevard, sobre todo de discapacitados en sillas de ruedas, pues se ha hecho más grato recorrerlo. Lástima que, otra vez, como tantas, en el sentido de la supresión de barreras arquitectónicas se haya desaprovechado una oportunidad de oro para mejorar la accesibilidad comercial en la zona. Mi hijo y muchos de sus amigos, que usan sillas de ruedas, pensaban que era algo que se iba a hacer. ¿Cómo crees que les quedó la cara al comprobar que no se arregló el acceso a los comercios?
El verano llega a su fin en España. Hace apenas dos semanas la gente aún se quejaba de las elevadas temperaturas; hoy ya sienten frío. Menos mal que no estamos en los paises nórdicos, en donde el verano dura apenas un suspiro.
Hace un par de años mi hijo compró en el Corte Inglés un ordenador portátil HP Pavillion serie 8000 con pantalla de 17″ y un microprocesador Intel Pentium IV 630 a 3000 MHz. Yo estaba en el exterior cuando él lo recibió, y lo lamenté mucho. Porque ese ordenador era para haberlo encendido y, a la media hora como máximo, haberlo apagado, metido en la caja y devuelto a la tienda pidiendo la devolución del dinero, jurando no comprar jamás otro modelo similar. Por lo menos no uno que tenga un microprocesador diseñado para un equipo de escritorio y no para un portátil. Pero mi hijo no lo hizo entonces, ni cuando aún podía. Resulta desesperante el ruido que meten sus ventiladores al máximo de revoluciones; porque siempre está al tope de temperatura.
Estoy regresando de una quincenita de descanso veraniego que he pasado en Asturias, lejos del calor de Madrid y de cualquier preocupación que no tuviera que ver con la fotografía. No avisé. Seguro que ni se notó mi usencia. Me encanta esto de poder dejar los post listos para que se publiquen a futuro en fechas seleccionadas. Es como irse de casa y dejar que las luces, el radio y el TV se prendan y apaguen solos.










