El golpe más duro a la libertad de expresión, acrisolado en el posible cierre de la mayoría de los blog, no iba a venir de Cuba, Irak o China, por mencionar algunos sitios represivos en este sentido, sino de la mismísima cuna del Derecho, de la ciudad eterna, la ciudad de Roma.
El Consejo de Ministros italiano cocinó y aprobó, hace días, por unanimidad, un proyecto que pretende controlar los blogs por ley. Se quería que, para poder tener uno, fuese necesario que el o los responsables se registraran como una empresa editorial, incluso que pagaran impuestos, independientemente de que, en la publicación del blog, no exista el ánimo de lucro, publicidad o propaganda comercial. Pero, lo peor, quizás, habría sido que estarían obligados a tener a un periodista titulado como director responsable. El incumplimiento acarrearía multas y hasta penas de cárcel.
Ya es normal encontrar cada día en la prensa, quejas por retrasos en la entrega de obras por parte de inmobiliarias y constructoras. Y hasta afamadísimos arquitectos viven rodeados de polémicas, quejas y demandas. Así que pensé: Dios hizo al mundo en seis días, y el séptimo descansó.
Ya se falló el Premio Planeta 2007. Eso me trae algo a la memoria. El 9 de mayo, en mi escrito «
Cada día, diez nuevas mujeres llegan al hospital de la Bukavu, en la provincia de Kivu del Sur, al este de Congo, víctimas de sádicas violaciones que dejan dañados, en muchas ocasiones de manera irreversible, sus aparatos reproductivo y digestivo. «La violencia sexual en Congo es la peor del mundo», ha explicado a The New York Times el secretario general para los asuntos humanitarios de Naciones Unidas, John Holmes, quien califica de «terrible» el continúo aumento del número de violaciones, «la absoluta brutalidad y la cultura de la impunidad» (…)










