Después de mucho darle largas entendí que tenía que hacerlo, por todas las razones que en WordPress indican.
He actualizado mis otros dos blogs, Entre perros y gatos te veas, y Reflejos Fotolog, desde la versión 2.1.3 bajo las que estaban corriendo, a la última 2.2.1. El asunto se realizó de forma automática, con un solo clic, mediante el script Fantástico que provee Visualnetwork, mi servicio de alojamiento web.
Todo marchó sin inconvenientes en el segundo, y con algunos pequeños en el primero, de los que he podido solucionarlos todos (incluída la traducción al español), menos uno. Sigo sin el editor enriquecido para escribir. De hecho lo único que tengo cuando entro a escribir un post, son dos pestañas: la de «Visual» y «Código» que ni siquiera cambian. No hay ni un solo botón (enlaces, insertar imágenes, negritas, more, etc), y ello a pesar de que en Usuarios > Tu perfil, tengo marcada la casilla de «utilizar el editor visual para escribir«, y de haber limpiado caché del navegador y todas esas cosas. Así que, en ese blog, el trabajo de publicar una nota es aún mayor.
Ahora me estoy confensando con los creadorres de WP y acordándome, de la mejor forma, de sus progenitoras, a la vez que me encomiendo directamente al otro Creador, para que todo salga bien; preparándome para el salto grande, que es actualizar este blog desde la versión 2.03 que aún mantengo. Por lo tanto, si logro solucionar primero en el otro blog el problema de la ausencia del editor enriquecido, iniciaré la actualización de este. Por eso, si en los próximos días encuentran esto vuelto un desastre, es que me encuentro en pleno proceso. Y si el blog no aparece, o no se visualiza casi nada, supongan lo peor. Deshacer eso podría llevarme algo más de tiempo.
¿Eres uno de los que, en ocasiones, has deseado volver a nacer para cambiar algunas cosas de tu vida?
Las muertes de Pepe Cáceres y Paquirri, menos aún las más viejas, de Manolete y Dominguín, así como las de todos los demás toreros que han perdido la vida entre los pitones de un toro de lidia, no me han causado nunca el más mínimo pesar. Ni me lo causa ninguno de los otros diestros que, cada temporada taurina, son cogidos por el toro. ¿Por qué habrían de preocuparme? Ninguno es familia mía, ni allegado o vecino. Además, porque ellos mismos se lo buscaron. Yo no derramo ni una sola lágrima por quien se arriesga de esa forma, exponiendo su vida voluntariamente, consciente del peligro que corre, tan solo para dar a otros un espectáculo, a costa, además, de la tortura y sacrificio de un animal. Es su decisión.
Después de más de dos meses de ausencia, este domingo, al visitar un par de los principales supermercados en Puerto La Cruz, (Central Madeirense y Unicasa) me encontré con unos letreritos en las cajas, que decían:









