
El ruido nos está matando cada vez más rápido. ¡Viva el ruido!
Las consultas médicas por los efectos psicológicos debido al ruido están pasando a primer plano en muchas ciudades, como es el caso de Madrid. Gastos para la sanidad pública, ausentismo laboral, problemas familiares. ¡Pero celebremos el ruido! Porque lo que es música para ti, puede ser ruido para los demás. ¿No te habías detenido a pensarlo?
<<¡María, María, María!>> Los gritos infantiles se repiten: <<¡María… tira María, tira!>> cada vez más apremiantes, subiendo de tono con cada llamada, irritantes casi hasta la exasperación. Me resultan insoportables, pero ya no necesito mirar para saber de qué se trata. Antes pensaba que esa María era la niña más popular del colegio; ahora pienso que debe ser la jugadora más incapaz del equipo de baloncesto infantil.
No estoy en la calle, sino en mi casa. Pero tampoco vayan a creer que estoy en el balcón, que va. Me encuentro adentro, con las ventanas cerradas. Pero los gritos entran por los cristales y las paredes como si no existieran. Es el daño colateral de vivir pegado al patio de juegos de un gran colegio, y varios pisos por encima. El sonido sube muy bien, demasiado bien. Por eso los antiguos griegos crearon sus teatros con el escenario abajo, y las gradas para las personas estaban dispuestas en forma ascendente. Así no necesitaban de megáfonos para proyectar la voz , aún cuando no existieran paredes.








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